feria del pilar
Guajiro y Emilio de Justo, a los pies del Pilar
El extremeño corta dos orejas al toro que salvó el honor de la divisa salmantina
Borja Jiménez, o las ansias de ser figura

Hasta el quinto, la tarde iba marcada por la procesión del silencio. Una decepción tras otra marcaban los toros de El Pilar, ayunos de todo. Las fuerzas muy justas y la casta sin aparecer. Y en eso que saltó Guajiro, un colorado de 506 ... kilos, con el trapío al límite para una plaza como la de Zaragoza, pero con ganas de embestir. Desde que salió de toriles se le vio otro aire al de sus hermanos, más vivo, y siempre con las arrancadas humilladas.
Emilio de Justo lo sintió en un quite que comenzó a cambiar el color de la tarde, y la réplica de Pablo Aguado con una media verónica eterna. La cosa se ponía por fin de cara en una feria en la que las tardes grises han sido ya demasiadas. Morenito de Arlés y Pérez Valcarce aumentaron la temperatura con los palos y el extremeño se fue a los medios a brindar al respetable. En el platillo, de rodillas aguantó las dos primeras embestidas, solo dos, y ya fueron bastantes, que el obús te cortaba la respiración. Se recompuso De Justo y lo aguantó y llevó en una primera serie con la mano derecha que el del Pilar tomó con bravura. Hubo cadencia en la primera tanda y rotundidad y relajo en la siguiente rematada con un descomunal pase de pecho que puso a hervir la Misericordia. El público se puso definitivamente de parte del diestro que lo dio todo, ya con la muleta a derechas sin montar. Con la zurda no acabó de llegar esa decisión y esa precisión, y aún manteniendo la tensión con los tendidos, le faltó un punto. Acertó en una ajustada serie de manoletinas con otro gran pase por alto y la estocada fue definitiva para que se le pidieran con fuerza las dos orejas.
Tarde a más de Emilio de Justo en su debut zaragozano, que ya ante el segundo, con poco fuelle y viajes cortos, lo sobó y hasta consiguió llevarlo largo a base de buen pulso. Mejor por el derecho. Todo lo que consiguió fue mérito del diestro, que compuso un final en los medios a más, que le valió para dar una vuelta al ruedo.
La corrida del Pilar, una decepción constante con el salvavidas de Guajiro. Muy desigual en pesos, en caras, muy justa en todo, y en aguante al borde del bochorno. Noblote el primero, que hizo que Alejandro Talavante pasara totalmente desapercibido, en cuanto intentó obligarlo el toro besaba la arena, y la cosa fue para abajo como en un tobogán. Salió con más brío ante el cuarto. Unos faroles invertidos para recibirlo con el capote y un brindis al público, que ya se veía que no podría corresponder. Por el suelo en cuanto le bajaba un poquito la mano, y así todo se contagió en una decepcionante nebulosa.
Y de Talavante en su primera tarde de este Pilar, a Pablo Aguado, al que le tocaron en suerte dos toros en la línea de lo imposible. Ni bravos ni mansos, flojos, demasiado flojos, ayunos del mínimo empuje. Plegándose desde que pisaban la arena, con sosas peleas en el tercio de varas, y creando un insufrible ambiente pesado como una losa. Y eso con la mejor entrada hasta el momento de la feria. Estábamos con el sevillano ante el tercero, que hizo concebir alguna esperanza porque embestía humillado. Un espejismo, pues la humillación era el prólogo de la caída. Lo midió mucho Aguado y hasta le robó un par de derechazos con buen gusto. Demasiado poco, ya que enseguida comenzaron a sonar las palmas de tango.
Feria del Pilar
- Plaza de la Misericordia. Viernes 13 de octubre de 2023. Octava del Pilar, casi lleno. Toros de El Pilar, al límite en presencia e inválidos, destacó el bravo quinto.
- Alejandro Talavante, de coral y oro. Estocada (silencio). En el cuarto, pinchazo y estocada baja (silencio).
- Emilio de Justo, de verde y oro. Estocada (vuelta al ruedo). En el quinto, estocada (dos orejas). Salió a hombros.
- Pablo Aguado, de cariñena y oro. Pinchazo, media y descabello (silencio). En el sexto, tres pinchazos y estocada (silencio).
Quedaba el sexto, con su nobleza a cuestas, con toda su invalidez también. El presidente lo mantuvo en el ruedo no se sabe muy bien el porqué. Y el torero lo mimó, le aplicó la medicina de la cadencia y la suavidad y hasta consiguió apuntar muletazos, que se quedaron en eso, en apuntes.
Menos mal que Guajiro y Emilio de Justo vinieron a salvar una tarde cuesta abajo y sin frenos.
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