BALA PERDIDA
El kit de siempre
Estamos hasta la mismísima mochila que no llevamos de que el Congreso resulte un colapso
El libro maldito
Mazón, 'ninot' mayor
Yo el kit de supervivencia lo veo no sólo para una catástrofe de futuro sino para el mismísimo presente en curso, que incluye obviamente el pasado más o menos reciente. Quiero decir que una mochila de botellón con pilas quizá puede aliviarnos un rato ... de refugio si Rusia se anima mucho, o sobreviene otra dana, pero llevamos ya bastante rato cargando la mochila sin mochila de soportar los eufemismos de Pedro Sánchez, la chulería de Donadl Trump, las gracietas de Yolanda Díaz, la efervescencia de María Jesús Montero, los chantajes de Carles Puigdemont, la reconstrucción de Carlos Mazón, la lírica de Isabel Díaz Ayuso y la indignada tibieza de Alberto Núñez Feijóo, según los días. He citado deprisa, y abreviando. De modo que vivimos acorralados. Eso, y que la vivienda es una gesta, la administración un 'spleen' y el porno una golosina. Y vuelvo a citar deprisa, y abreviando. Igual tengo yo el día, tirando a catastrofista, pero esta noticia del kit, por lo que pudiera venir, me ha despertado a mí la novedad mayor de que venimos resistiendo un áspero tiempo adverso, desde hace ya demasiados meses, con la mochila interior de eso que se ha llamado resiliencia, así en general, que no es sino una paciencia impacientada de ciudadanos a los que ya les harta que no les tomen por adultos. Estamos hasta la mismísima mochila que no llevamos de que el Congreso resulte un colapso, de que los rapsodas de mítin griten «lo que hay que tener», de que mejor no rendimos cuentas ante un parlamento, en fin, «porque para qué vamos a perder el tiempo». Yo es que me levanto y me pasa lo mismo que a Pedro Cuartango, que contempla la huida. Nos ofrecen un kit, por si llueve dinamita o lluvia propiamente dicha, pero llevamos ya muchas épocas sufriendo un clima envenenado, con políticos que se explican como bachilleres, con magistrados que colaboran como tertulianos, con imperialistas que ponen el ojo inversor en una isla soberana, como quien sopesa un ferrari de escaparate. Y todo, sin otro kit que el de la paciencia o la hartura. Incorporado lo llevamos.
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