Los mitos sobre el Opus Dei
Hay un imaginario que parece no se ha disuelto por mucho que haya cambiado la Iglesia y la sociedad
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En el año 2002, en la revista del Instituto de estudios históricos San Josemaría Escrivá 'Studia et documenta', el catedrático Jaime Aurell publicó un artículo titulado «La formación de un gran relato sobre el Opus Dei». Su tesis es que, por múltiples causas, intraeclesiales y ... extraeclesiales, desde muy pronto se han formado una serie de mitos que han creado un imaginario sobre el Opus Dei. Imaginario que parece no se ha disuelto por mucho que haya cambiado la Iglesia y la sociedad. Desde las acusaciones iniciales de algunos jesuitas contra Escrivá de Balaguer, pasando por los informes de la Falange, las denuncias ante el Tribunal de la Represión de la Masonería hasta el libro de Gareth Gore o la serie de televisión que se avecina, los argumentos de fondo siguen siendo los mismos o parecidos.
Ahora parece que arrecia una tormenta perfecta. Un ciclón purificador. Respecto a lo que ocurría en el pasado la diferencia es el rol de algunos actores eclesiales. Son muchas las preguntas que surgen a partir de la decisión del Motu proprio «Ad carisma tuendum», una decisión que se entenderá cuando termine el proceso, en un contexto en el que no pocas instituciones de la Iglesia están siendo intervenidas por diferentes causas. Curiosamente todas ellas con un denominador común, el ser entendidas como tradicionales o conservadoras. El proceso canónico referido a los Estatutos del Opus Dei, Torreciudad, Gaztelueta, Cipriani, y lo que venga, además de la campaña mundial del nuevo «Código Da Vinci» y satélites, ¿están prejuzgando los argumentos para una solución final dramática que no traumática? ¿Son meras coincidencias o hitos en un clima que marca tendencia? ¿Qué expresan? Por cierto que todo esto es muy español, demasiado, quizá porque aproximadamente la mitad de los miembros del Opus Dei en el mundo sean españoles.
A mediados de 1946, el sacerdote Álvaro del Portillo, que estaba en Roma, le envió al fundador una carta en la que le comentaba que un alto personaje de la curia le había dicho que «ustedes han llegado con un siglo de anticipación». Todavía no se ha cumplido un siglo, poco falta.
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