café con neurosis
Un alcalde con dos dídimos
Don Juan Cruz considera que no es lo mismo que un violador fuera en una lista electoral a un asesino, porque existía un conflicto político
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En el reportaje, de notable contenido periodístico, que publicaron ayer en ABC Pablo Muñoz y Guillermo Navarro –en su recorrido por los municipios donde hay asesinos y terroristas en las listas electorales– el alcalde de Legutiano, don Juan Cruz, les dijo con sinceridad: «Ya ... sé a qué habéis venido… A tocar los cojones». Lo escribo como lo hubieran hecho Francisco de Quevedo y Camilo José Cela, pero a partir de ahora denominaré a las glándulas masculinas dídimos o testículos, porque lo que es naturalismo literario en los dos grandes autores españoles en don Juan Cruz es grosería y, con permiso del lector, no estoy en condiciones de competir.
De hecho, todos los seres humanos del sexo masculino nacen con testículos, salvo raras malformaciones, por lo que hacer alusión a su existencia es una obviedad. Esto ocurre incluso después de la 'ley trans', porque la fisiología no tiene nada que ver con la política. No obstante, es cierto que las personas simpatizantes de la extrema derecha suelen mencionar las glándulas como garantía de valor y coraje, pero veo que los simpatizantes de la extrema izquierda asesina parece que son de la misma costumbre.
Don Juan Cruz considera que no es lo mismo que un violador fuera en una lista electoral a un asesino, porque existía un conflicto político. Me imagino que, si algún día –ojalá nunca ocurra– un marido de Legutiano mata a su esposa, el señor alcalde lo considerará un 'conflicto familiar'. En el pueblo donde el alcalde cree que los asesinos eran consecuencia de un conflicto, pusieron una furgoneta con 300 kilos de explosivos, y varios guardias civiles resultaron heridos de gravedad, pero el que murió fue el guardia civil Juan Manuel Piñel Villalón, cuarenta años, casado y con un hijo. Este hijo y su viuda no creo que tengan la misma opinión que el señor alcalde, como no la tenemos en España millones y millones de personas que pensamos con las neuronas alojadas en la cabeza y no con las glándulas testiculares.
Dentro de unos días, si los vecinos de Legutiano piensan lo mismo que el alcalde, y que un asesino es un valiente 'gudari', será reelegido don Juan Cruz, cuyo apellido no es precisamente vasco (sólo en México existen un millón y medio que ciudadanos que comparten el mismo apellido que el alcalde) y, de lo contrario, podrá dedicarse a su actividad empresarial, que creo que está relacionada con las máquinas tragaperras y los juegos de azar.
De cualquier forma, los partidos conservadores deben rendir las más explícitas gracias a un secuestrador en paro, líder de Bildu, cuya idea de incluir en las listas electorales a asesinos y terroristas ha despertado de la modorra a muchos ciudadanos comodones, que miraban hacia otro lado, pero que, ante esta provocadora e insultante bravuconada, están empezando a pensar que el alcalde de Legutiano y su amplia pandilla de asesinos y forofos del asesinato se quieren reír de ellos y toquetearles los dídimos del alma.
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