Porno: Así destroza su consumo silencioso a los adictos y a sus parejas
Lo que comienza como una curiosidad placentera se convierte a veces en una adicción a la pornografía, por la facilidad de acceso a este tipo de imágenes a través de internet, que afecta gravemente a quien la consume sin control y que le aleja definitivamente de sus familiares
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«¡Es un guarro, está salido, menudo pervertido...!». No son pocos los adjetivos con los que la sociedad suele calificar a aquellas personas que sufren adicción a la pornografía, «sin tener en cuenta que, en realidad, se están refiriendo a personas enfermas que normalmente tienen, ... entre otros, problemas para gestionar y controlar sus emociones, y el porno es solo la punta del iceberg», asegura Jorge Gutiérrez, impulsor de la Asociación 'Dale una vuelta', y autor de 'La trampa del sexo digital'.
El sexo genera un gran placer a toda persona pero «cuando el porno se convierte en obsesión es porque se busca ese bienestar para contrarrestar o tapar un malestar, un problema que sufre este sujeto –puntualiza Andrés Martín Quinteros, director de Psicólogos Madrid Cepsim–. Por eso es tan importante, al trabajar con ellos en consulta, descubrir las verdaderas causas que han motivado su problema«.
Tal y como añade Jorge Gutiérrez, experto en ayudar a personas a salir del porno, estamos ante un comportamiento «como nunca antes ha habido en la historia« debido fundamentalmente al fácil acceso, y durante mayor tiempo, a estos contenidos a través de internet y a cambios sociales, como el teletrabajo, que también favorecen esta adicción silenciosa, puesto que se consume en la más estricta intimidad.
Gutiérrez asegura que en los últimos cinco años han atendido 5.000 casos, el 90% varones de entre 25 y 40 años, los casos de adolescentes son aún excepcionales. Este problema afecta en su mayoría a los hombres (70%), aunque también hay adictas a la pornografía (30%). «Es muy preocupante que internet esté favoreciendo, además, que niños a edades muy tempranas accedan también al porno; pero la cuestión no es tanto, que lo es, cuándo empiezan, sino cuándo salen«, matiza Gutiérrez.
Un tema tabú, pero con gran consumo
El porno sigue siendo un tema tabú, pero de gran consumo, y al convertirse en una auténtica necesidad los afectados no saben cómo escapar de esta espiral porque cada vez requieren pasar más horas visualizando imágenes y con escenas cada vez más intensas para obtener el mismo placer. Aceptar esta situación y confesarla es un acto muy vergonzoso, indignante, por lo que la dependencia se perpetúa durante años.
El problema se complica cuando esta adicción silenciosa empieza a dejar signos de sospecha en la familia. Por lo general, la pareja percibe que algo extraño pasa y que entre ellos hay un mayor distanciamiento, menor comunicación, más frialdad, sobre todo porque el adicto necesita estar a solas para materializar su consumo, y, paradójicamente, menos relaciones sexuales juntos. Cuando mantienen sexo, la pareja aprecia en él disfunciones sexuales porque no llega a la excitación o porque le exige ciertas prácticas sexuales, algunas extremas: vestirse de una determinada manera, nuevas posturas, acciones violentas, vejaciones, insultos... propias de la pornografía.
El porno aleja a las personas de las personas
Llega un día en que la mujer descubre el secreto de su pareja –pocos lo confiesan abiertamente– y estalla el conflicto. Recibe la noticia como un gran mazazo, se asemeja al trauma por una traición. Aún así, es habitual que ella se eche internamente la culpa por pensar que no ha estado a la altura, que con los años no se ha cuidado físicamente, que su cuerpo no es atractivo, que no ha accedido a sus fantasías... Siente que, como mujer, no vale para nada. Además, se ocupa de la difícil tarea de ocultar sus sentimientos y la noticia a todos los que le rodean para proteger a sus hijos, a su familia.
Explica el autor de 'La trampa del sexo digital' que cuando los niños descubren que su padre es adicto al porno, en ellos se crea un trauma porque su figura de referencia se viene abajo. «Se produce un distanciamiento afectivo porque, además, el padre está pendiente de encontrar momentos para estar solo y ver sus vídeos, fotos, archivos... Definitivamente, el porno aleja a las personas de las personas».
Además, ante la promesa de que él va a dejar este consumo, la pareja se mantiene en alerta bajo la desconfianza, vigilante todo el tiempo. «En realidad –prosigue–, él no deja de querer a su mujer, lo que tiene es una enfermedad que, además, afecta a su capacidad de amar. Tiene momentos de mejora, de encuentros juntos, pero es normal que tenga recaídas y que el problema se enquiste y se rompa la relación de pareja. La adicción a la pornografía es una enfermedad familiar«, puntualiza Gutiérrez.
Andrés Martín Quinteros afirma que cuando estos hombres llegan a su consulta, la gran mayoría lo hacen obligados bajo la amenaza de sus parejas de abandonarles si no se tratan. «Ellos no reconocen su adicción porque consideran que el sexo es algo normal en la vida del ser humano y no hacen mal a nadie. Lo consumen en privado y ni siquiera son infieles a sus mujeres. Es como el que es adicto al trabajo, al juego... Creen que entra dentro de lo aceptable porque forma parte de la vida diaria y no consumen sustancias. Por eso es tan esencial abordar la fase de aceptación para solucionar su adicción«.
Lo cierto es que hay un consumo muy extendido del porno en nuestra sociedad y la mayoría de las personas no llegarán a ser adictas, aunque se ha observado «que el 70% de ellas tienen algún trastorno psicológico, como el obsesivo compulsivo, depresión, Tdah..., que les hace más fácil caer en las redes del porno», puntualiza Jorge Gutiérrez.
Desde 'Dale una vuelta' –iniciativa que ha recibido recientemente el premio Misión por su labor–, un grupo de psicólogos y psiquiatras atienden a los adictos y hacen un seguimiento a través del correo electrónico. También les ofrecen terapias online por videollamada o presenciales.
«El problema es que faltan especialistas para abordar las cuestiones propias de esta adicción y hay muchas variables sobre porqué se iniciaron en el porno: por placer, para regular sus estados de ánimo, por un trauma, por haber sufrido abusos sexuales... Lo esencial es que la persona quiera dejarse ayudar y salir de este consumo que le tiene esclavizado y que le afecta en todas las facetas de su vida. Los afectados que tienen familia estable, un proyecto de vida, un reto, tienen mayor facilidad para salir adelante porque su motivación es mayor».
No obstante, este experto incide en la necesidad de sensibilizar a la sociedad sobre este problema «del que nadie quiere hablar». «Las administraciones públicas deben dar un paso al frente y, al igual que hacen campañas sobre la igualdad, sobre los riesgos del juego online o del elevado consumo de azúcar, deben prevenir y actuar para frenar la adicción al porno porque cada vez hay más menores enganchados, hace un daño enorme a muchas personas y rompe muchas familias».
Los 6 componentes para que exista adicción comportamental
Jorge Gutiérrez, impulsor de la asociación 'Dale una vuelta' explica que para que haya una adicción de comportamiento son necesarios seis mecanismos en el individuo:
—La saliencia: es decir, la importancia que tiene este consumo compulsivo en la vida personal del adicto, puesto que a mayor consumo más tiempo se dejan de lado otras facetas de la rutina de la vida diaria.
—La conducta: los cambios de ánimo, puesto que, en ocasiones, se recurre al porno con el objetivo de mejorar el estado de ánimo y, en otras ocasiones,sin embargo, se visualizan este tipo de imágenes como modo de homenaje, como un premio individual para celebrar cualquier éxito del día.
—La abstinencia: es otro punto muy importante, puesto que al dejar de consumir porno por un tiempo se aprecian síntomas de malestar, irritación, ansiedad, palpitaciones y sudoraciones.
—La tolerancia: la persona empieza a normalizar las escenas de sexo a las que accede y siente que cada vez necesita consumir más, con mayor frecuencia e intensidad hasta aumentar el visionado de forma extrema.
—El conflicto: es decir, siente una lucha interna porque se da cuenta de que lo que está haciendo no es normal, no es correcto, pero no puede parar.
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—La recaída, «que es habitual en todas las adicciones, pero es parte del proceso, sobre todo cuando uno se lo plantea sin ayuda profesional», explica el impulsor de la Asociación 'Dale una vuelta'.
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