Reloj de arena
José Roca Fernández: La voz de la Alameda
La copla, el jazz, Pink Floyd y maestros como Falla influyeron en un estilo musical único e instransferible

Algunos quisieron bajar de su columna a Julio César para colocarlo a él, que hizo por la Alameda mucho más que el enemigo de Pompeyo. A un jipi de aquellos años le oí decir eso que en la Alameda no pintaba nada Julio César ... y que quien tenía que estar en lo alto de la columna era Pepe Roca .
Con su gorra de visera incluida. Porque él no conquistó la Galia. Pero ganó para el mundo la Alameda. Con su voz que suena como un chelo. La garganta que timbra como una trompeta, según Javier García Pelayo . La laringe gachí a la que los gitanos no le ponen pega, sostiene Jesús Bola . El violín que Manolo Melado descubrió que tenía atrás de la campanilla como en su día se dijo de Pepe Marchena. Su voz hizo por la fama de la Alameda tanto o más que el conde de Barajas . Este desecó una charca pestilente. Pepe Roca la llenó de aromas de jazmines y azucenas con el tono inconfundible de su canto. Y si este perfil pudiera acompañarse con música, lo hubiera abierto con el melotrón y los minimoog de los hermanos Marinelli esperando a que Pepe Roca rompiera los aires de la Alameda con aquellas estrofas inolvidables: «La luna se levanta tiento a tiento/suenan sones, palomas y quejas/un manto de cristal al firmamento/ ¡ay! Suspiros que la noche deja…»
Abono para el pálpito cardiaco. Vitaminas para recobrar lo que el tiempo se llevó. Aluvión de mariposas bebiendo, en el amanecer del puerto, los colores de las letras de un grupo que cantó en español, se dejaron llevar por los acordes del jazz, trufó de copla muchas de sus partituras y no le dio jamás la espalda a la excelencia poética andaluza: desde Juan Ramón a Fernando Quiñones, desde Benítez Reyes a Caballero Bonald, desde García Montero al olvidadísimo Juan Manuel Flores , rescatado y editado en última instancia por Martín Lucía. Flores, el bardo enamorado de Lole y Manuel.
Ese corazón encogío del Tardón que le dejó a Pepe Roca unos ‘ojos de triste llanto’ , una soleá por bulerías inspirada en el desgarro que le produjo la incapacitación para criar a su hija. A esa Alameda de rimas de oro, le sumó las claves del sol musical de los Falla , Albéni z y Granados . Triana hizo de la sencillez su marca . Alameda convirtió lo culto en popular. Casi todos ellos pasaron por el conservatorio. Más de cien mil discos se vendieron de su primer vinilo. Aún no se ha descatalogado.
El líder de aquella revolución musical fue el onubense Pepe Roca. Un hombre que estuvo en el Gólgota musical de ‘Jesucristo Superstar’ con Teddy Bautista y Camilo Sesto ; un cantante que Ricardo Pachón llamó para que no se perdiera la ‘Leyenda del tiempo’ de Camarón ; un músico que pidió libertad sin ira desde Jarcha; un ser tan intenso para crear como para vivir.
Y vivir, para Roca, significa música. Sin música no hay paraíso. Aunque ese paraíso tenga espinas, exigencias máximas y dentelladas en el alma. Su autoexigencia es obsesiva . Aunque el tema hubiera salido redondo a la primera, para Roca no lo estaba hasta que hubiera sentido en sus adentros el dolor de la perfección. Y si algún directivo musical quiso rectificarle alguna de sus composiciones para ponerlas al día de lo que exigía el mercado, se levantaba y se despedía con un hasta luego lucas y un corte de mangas bien guardado por educación. Lo mismo que se fue de los despachos donde quisieron enmendarle una plana trabajada muchos meses por uno que acababa de oírla en la maqueta , de igual forma abandonó más de un escenario si no tenía feeling.
En su oído tiene claro que el rock andaluz, progresivo o no, con base flamenca o coplera, tiene un himno: ‘Tu frialdad’ de Triana. Muchos años después, contestando al supremacismo étnico y cultural catalán volcado sobre los descendientes de andaluces, compuso el hermano pequeño del himno de Andalucía. ‘Mi identidad’ lo tituló : «Soy del sur/esa es mi identidad/soñador, libre, universal/sin dudar si volviera a nacer/ andaluz quisiera ser». Preciosa patada en la popa de los racistas con zapatos de gamuza verde y blanca. Julio César sigue en lo alto de su columna en la Alameda. Y Pepe Roca en lo más alto de la cima de un rock con ecos de Falla y Pink Floyd , de Juan Ramón y de Pedro Rivera, el homeópata que lo trataba y que le escribió la letra de ‘Noche andaluza’. Esa que ahora puede estar soñando por los carriles del Odiel, en la bici donde viaja de sentimiento a sentimiento, buscando siempre la perfección… aunque duela.
Esta funcionalidad es sólo para suscriptores
Suscribete
Esta funcionalidad es sólo para suscriptores
Suscribete