Crítica de «El Palmar de Troya»: No desvela nada pero engancha
El documental de la secta creada por Clemente Domínguez se estrenó el jueves en Movistar+

Muchos hemos crecido, aunque fuera en los periódicos y la televisión, con El Palmar de Troya . Con noticias de una secta chunga a la que la Iglesia Católica l e parecía muy hereje tras el Concilio Vaticano II, con majestuosas basílicas levantadas en la nada, con fanáticos que creían en la aparición de la Virgen y, sobre todo, que se creían al farsante de Clemente Domínguez. Y, lo último, con un papa nacido en Mula que se escapa con su novia monja (monja en El Palmar, claro) y que, como los magos traidores desvelando los trucos, dice que aquello era un engaño. Vaya, no hacía falta.
Pero como hubo gente a la que sorprendió el contenido de los documentales «El caso Alcàsser» (más que el crimen, el tratamiento de la televisión) o «El pionero» (sobre Jesús Gil), se entiende la sorpresa con «El Palmar de Troya», documental producido por 100 balas y 93 metros que Movistar + estrenó el jueves. De momento, como debe ser, solo un capítulo de los cuatro. 52 minutos de descolgar la mandíbula. Israel del Santo, su director, dice que el modelo fue «Wild Wild Country» (Netflix), loquera dirigida por Chapman y Maclain Way y producida por los hermanos Duplass que cuenta el culto al gurú hindú Osho y su desembarco en EE. UU., cuando montaron en los ochenta una ciudad en Oregón (Rajneeshpuram). También es la historia de Ma Anand Sheela, su secretaria, mano derecha y hacedora de las más increíbles maquinaciones. Aunque no sé yo si lo del Palmar de Troya es más estupefaciente todavía.
Pero en el fondo da igual si conoces la historia. También conocíamos la de «Muerte en León» y nos enganchó todo. Desde la gargantilla SEX hasta el coche mugriento de la policía local (parecía la casa de aquella novia de Ross en «Friends» que al final Mónica va a limpiar). Quizá lo único que chirría en «El Palmar de Troya» (esto no está en «Wild Wild Country») sean las dramatizaciones. Clemente y Manolo llegando al Palmar a hacer negocio. Porque hay tanta imagen de archivo, tanta voz original del propio Clemente Domínguez (llamado La Voltios cuando era sarasa en Sevilla), tantas entrevistas actuales a protagonistas (incluido el papa Ginés y la adorable Paquita, maestra en la época) que me sobra la dramatización postiza.
Cuando uno de los videntes cuenta que dijo a Clemente que le iba a pasar una cosa muy mala y lo siguiente son las imágenes de él en coche volviendo de Francia ya sabemos qué es lo malo que le va a pasar. Y perdón por destripar la Historia y las canciones de Carlos Cano. De pequeña siempre me impresionaba lo de la enucleación bilateral. Pero aunque sepa qué viene después estoy deseando ver el siguiente capítulo. Y a Paquita.
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