Pedro Alonso: «El éxito de 'La casa de papel' puede arrasar al más pintado»
El protagonista de 'Berlín' habla sobre la fama de la serie matriz y desgrana las claves de la precuela de Netflix
De 'Berlín' a 'Los Serrano': bienvenidos al pasado

Era el tipo subversivo de 'La casa de papel', brusco, autoritario. Pero antes de quedarse encerrado en la Fábrica de la Moneda, cuando robaba por robar y no como protesta, era todo lo contrario: un enamorado de la vida y de sus lujos, en ... forma de botines y mujeres. En 'Berlín', centrada en el pasado del ladrón y que funciona como precuela, el personaje interpretado por Pedro Alonso resucita para liderar otra banda que también tiene motes pero no lleva máscaras de Dalí ni atraca al ritmo del 'Bella Ciao'. «Cuando Álex Pina y Esther Martínez Lobato [creadores de ambas] me hablaron de esta serie, yo ya había tenido tiempo de dejar de negar el fenómeno de 'La casa de papel', que era una cosa gorda. Estaba contento, pero quise pensármelo porque no sabía el nivel de exposición que volvería a tener. Tardé un día y medio en decir que sí», cuenta el actor gallego.
El robo de 44 millones de joyas en París es más un juego de ilusionismo que un golpe al capitalismo y Berlín, otrora sociópata, saca a pasear su lado romántico.
«El personaje tiene mucha chicha. Cuando estaba vivo era denso y turbio; muere y se ha convertido en algo más luminoso. Hemos cambiado directamente de configuración, estamos en otro tono, en otra clave energética. Es como que nos hemos metido por un agujero de un gusano y estamos en otra galaxia paralela. La energía desde la que yo he trabajado en cada uno de los ciclos del personaje no tiene nada que ver, pero, para mi asombro, el ADN sigue vivo«, explica. »Tengo la sensación de que a Berlín lo podrían meter en una de Shakespeare y funcionaría igual«, destaca el intérprete vigués sobre su personaje, que se mueve sin miedo a pisar zonas de fricción en una serie que, al contrario que el propio Berlín, resulta bastante políticamente correcta.
Netflix sube el presupuesto pero pierde ambición, también algo de rumbo. Quizás por eso, o por la facilidad con la que Alonso lidia con la línea temporal, el protagonista de 'Berlín' prefiere el lenguaje espacial que el terrenal. «El gran desafío ha tenido que ver con el tono de la serie y ahí aplaudo el valor de seguir evolucionando el material. La estela de 'La casa de papel' es un campo magnético muy fuerte, pero la mejor manera de crecer es seguir evolucionando. Álex Pina y Esther diseñan, hablan, piensan y desglosan la información como si fuese la NASA, a extremos completamente delirantes. Luego, cuando la nave está en órbita, le pegan un bofetón y la mandan de una galaxia a otra. Tiene muchísimo riesgo. Hay momentos en los que pensaba, me voy a matar«, explica a ABC.
Si Pedro Alonso, vigués de cuna, es capaz de sobrevivir a los 'flashbacks' y de llevar la Estrella Galicia a París, por qué no iba a poder recuperar la comedia romántica, un género «más noventero» que considera algo pasado, en manos de un «terrorista emocional» como Berlín. «Me he echado las manos a la cabeza dentro de la acción varias veces diciendo: ¿qué es lo que estoy haciendo? Pero esa es la gracia. Que de repente te metes en sitios y eres capaz de subvertir y volver a mover la fórmula. La comedia romántica como género siempre me ha gustado, pero es un género en el que te puedes ahogar en el azúcar«.
Alonso, que es de los que ponen «bajo llave las expectativas», siempre ha sido cauto con el éxito, que ahora abraza gracias a 'La casa de papel' y 'Berlín' porque, además de un viaje de «fantasía», le permite centrarse en otros proyectos más personales. «Me está dando estabilidad para hacer obra propia», reconoce el actor, que trabaja ya en la posproducción de su propia miniserie, una versión de no ficción de la 'Odisea' en un viaje por México que ha producido, escrito y dirigido. Casi nada, aunque la mayor aventura de su vida, admite, sigue siendo 'La casa de papel'.
«Un nivel de visibilidad de ese calibre es una oportunidad y es una prueba. Puede arrasar al más pintado. Uno puede pensar que los más maduros lo llevarán mejor. He visto que no depende de eso. Es muy exigente, y que no cosifique la vida es un ejercicio de atención muy potente», desgrana.
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