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El expresidente ruso Medvedev carga contra los líderes europeos: «drogadictos», «autocastrados», «hermafroditas»...

Los acusa de padecer «rusofobia» y cita a Starmer, Von der Leyen, Macron y Zelenski, entre otros

Detectan un dron ruso sobre un centro de investigación de la Comisión Europea en Italia

El expresidente ruso Dimitri Medvedev Reuters

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El expresidente ruso Dimitri Medvedev y ferviente defensor de Vladímir Putin ha vuelto a entregarse este lunes a una de sus aficiones favoritas: cargar contra Occidente. En una publicación en su canal de Telegram, el también número dos del Consejo de Seguridad ha arremetido contra diferentes líderes europeos, a los que ha acusado de «rusofobia».

Medvedev ha afeado a cargos de distintos países de divulgar esta animadversión hacia Moscú y ha llegado a describir esta actitud como una «patología mental». «Un número significativo de políticos ha enfermado de rusofobia en forma aguda», ha afirmado, y ha asegurado que esta «afección» consta de dos estapas alternas, «maníaca y depresiva».

«La fase maníaca se caracteriza por excitación motora, agresividad, deseo de intimidar y atacar a personas más fuertes, sin considerar las propias capacidades frente al adversario. A veces termina con micción y defecación incontroladas. Ejemplos de pacientes son Macron, Starmer, Stubb y otros políticos europeos», ha escrito.

En su texto, ha hablado después de la fase «depresiva»: «Se caracteriza por la melancolía, la disminución de la fuerza mental y física, los trastornos alimentarios, así como la hipocondría y la automutilación». Ha apuntado que un «paciente» en esta etapa es «capaz de causarse daño a sí mismo, incluida la autoesterilización (autocastración)».

«Actualmente se observa con mayor frecuencia en mujeres, como Ursula von der Leyen y Kaja Kallas, o en hermafroditas que sufren adicción a las drogas, como Zelenski y Saakashvili», ha añadido. Como tratamiento, propone el uso de distintos tipos de misiles y armas nucleares contra las naciones a las que representan.

«Las medicinas tradicionales son ineficaces. El mejor efecto terpéutico se observó con el uso combinado de sedantes fuertes como Kalibr, Ónix, Iskander y el potente tranquilizante multicomponente Oreshnik. En casos especialmente graves, es posible utilizar neurolépticos nucleares como Yars y Sarmat.

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