Boticaria García: «Las familias están hartas de que les digamos lo qué no pueden comer, quieren saber alternativas para alimentar bien a sus hijos»
Marián García insiste en que en la infancia hay que dar la información necesaria para sentar las bases de una buena alimentación, un objetivo en el que familias y colegios deben ir de la mano
«No se puede comer lo mismo a los 40 años que a los 65»
Marián García, más conocida como Boticaria García, es doctora en Farmacia y graduada en Nutrición Humana, Dietética y en Óptica y Optometría. Empezó a ejercer en una farmacia rural en Cuenca y cansada de escuchar entre sus clientes la cantinela de «he leído en internet que…», comprendió que la única forma de luchar contra el doctor Google era unirse a él, así que abrió un blog para explicar cuestiones relacionadas con nutrición y salud. Tras doce años dedicada a la divulgación, hoy son más de medio millón las personas que siguen a diario sus consejos a través de las redes sociales.
Hace unos días acaba de salir a la luz su primer libro dirigido a la población Infantil. 'Misterio en el supermercado' , un cuento para que los niños de 5 a 9 años aprendan a distinguir los alimentos saludables de los que no lo son con la ayuda de los mellizos Kim y Mika, su lente mágica, y el apoyo de la abuela.
¿Crees que los padres no hablan lo suficiente, o no se preocupan lo necesario, y no explican a sus hijos lo que implica alimentarse bien? ¿Por qué este libro?
Creo que los padres están preocupados y es un tema de conversación. Y hace falta formación porque uno de cada tres niños en España tiene sobrepeso u obesidad, según el último estudio Aladino del Ministerio de Consumo. Pero, ¿dónde está la información de calidad al respecto? ¿Y qué hace la industria? Porque la industria genera productos, algunos son saludables, otros menos, y otros van un poco disfrazados de saludables, pero son lobos con piel de cordero.
Los niños lo que buscan los colorines, los muñecos y, sobre todo, las texturas que sean agradables, azucaradas... Y ahí entran los padres en la difícil batalla de hacerles entender que el brócoli es saludable y las palmeritas no. La cuestión es: ¿Cómo hacemos entender eso, si una palmerita está riquísima y el brócoli lleva a unos compuestos que incluso pican un poquito y es menos agradable? La idea del cuento es que con la lente mágica, que hace de microscopio, los niños, por ellos mismos, vean qué hay dentro de los alimentos, como con unos rayos X. De esta forma, cuando lo ponen encima de una naranja o de un zumo, ven sus diferencias.
Lo mismo ocurre cuando con el microscopio mágico observan que dentro del aceite de oliva hay unos emojis, como unos angelitos, pero dentro de la mantequilla van a ver las grasas. ¿Y por qué van a saber que no es bueno? Pues porque los mellizos tienen una misión con un 'nutricódigo', para que de esta manera distingan que una grasa buena es el angelito, y que la grasa fea es como un demonio, o que el azúcar libre no es igual que el azúcar unida. Es decir, que el azúcar libre que hay en un zumo no es igual que el que está dentro de la naranja.
Sabemos que cuando aprendemos algo por nosotros mismos, no porque nos lo cuenten, ese aprendizaje permanece en el cerebro. No es lo mismo, por tanto, que tu madre te diga 'tómate la naranja mejor que el zumo', que si el niño ha visto que el interior es diferente.
Comentabas que para los padres es una batalla. En muchos hogares hay una verdadera guerra ya desde por la mañana. ¿Cómo debería ser un desayuno saludable para los niños?
Digamos que el desayuno es una gran batalla porque durante mucho tiempo nos han transmitido y vendido que el desayuno de los campeones es el que tiene que tener un cacao azucarado, unos cereales azucarados... Ahora sabemos que el cerebro no necesita azúcar. El azúcar viene a través de los hidratos de carbono. Es decir, puedes tomar pan integral y tu cuerpo se encarga de cortar los hidratos de carbono y conseguir los azúcares. Se puede conseguir de otros alimentos. ¿Qué tenemos que hacer? Pues pensar, en primer lugar, que no hay un desayuno único, clave, que diga que tienen que tener una pieza de fruta, un lácteo...
A lo mejor una propuesta fantástica puede ser una tostada con tortilla y un yogurt, por ejemplo; un pan integral con tomate, o incluso humus. Lo que tenemos que ver es el balance. Muchas veces el desayuno se fragmenta porque hay niños que por la mañana no tienen hambre y no es necesario obligarles a que coman, les va bien con tomarse un yogurt y poco más. Eso sí, se van a llevar al cole una pieza de fruta o unos frutos secos, que los tenemos muy olvidados y son muy importantes.
Por tanto, el mensaje sería que no hay un desayuno único; hay muchas opciones y hay que elegir alimentos saludables que vayan a completar la dieta. El cacao azucarado no tiene ningún sentido. Cuando el niño lo mira a través del cuento, va a ver que tiene muchos azucarillos y el cacao puro tiene uno. La abuela del cuento les da un truco: 'mézclalos' porque no somos nada radicales. Es decir, dentro del bote de cacao azucarado le ponemos un poquito de cacao puro, mitad y mitad, y vamos subiendo las proporciones del puro. El cambio no puede ser radical, de la noche a la mañana, sino que hay un periodo de transición para ir introduciéndolo y cambiando.
¿El zumo está prohibido? No, no lo está, pero lo que recomienda la OMS es reducir el consumo de azúcares libres y asegura que los del zumo realmente son azúcares libres porque una vez que haces el zumo, lo exprimes, apartas la fibra y el azúcar se comporta como el que está dentro de la galleta. Los niños pueden tomar, dependiendo de su edad, entre 15 y 20 gramos de azúcar al día, aunque lo ideal es no tomar nada, pero pueden tomar cierta cantidad de azúcar. Si siempre ha bebido zumo, podemos reducir la cantidad y ofrecerle otras texturas como unos frutos rojos que también son muy agradables. Es bueno en esa transición buscar estrategias para que el niño no lo perciba como un castigo.
¿Cuál es el propósito de plantear en el libro varios retos para que los mellizos preparen un desayuno a su abuela?
En primer lugar, van a apreciar las diferencias entre el pan integral y el pan blanco y la pista que tienen es la fibra. Dentro de cada apartado también damos unos consejos sobre qué tenemos que buscar en la etiqueta para saber si el pan es integral. Es verdad que el etiquetado de la ley sobre el pan cambió hace unos años y ahora si pone integral, tiene que ser integral, y si no es cien por cien integral pondrá qué porcentaje lleva para que los niños puedan identificar palabra integral.
Mika explica que esa fibra que tiene de más el pan integral es el alimento de las bacterias buenas que sirven al cuerpo. La intención es que los pequeños vean la utilidad y entiendan el por qué deben comer ciertos alimentos y no otros.
Luego pasamos al capítulo del aceite y la margarina para identificar cuáles son las grasas buenas, las grasas malas, las regulares... No hay ninguna guía nutricional en todo el mundo que no recomienden el aceite de oliva como primera opción. Hay que que intentar potenciarlo y los niños van a ver que dentro del aceite de oliva hay esos emojis que son los angelitos que indican que es un alimento bueno, mientras que en la margarina o la mantequilla las grasas no son tan saludables.
En el cuento también he querido introducir un concepto que ahora está muy de moda, que es el de los picos de glucosa. He creado para los niños un dibujo de una montaña rusa del azúcar, porque así entienden que una naranja hace una montaña rusa más pequeñita, mientras que un zumo de tetabrick hace unos picos mucho más grandes y cuando ocurre esto dentro del cuerpo puede generar problemas como, por ejemplo, que almacene ese exceso de azúcar o que te entren ganas comer más azúcar.
En el cuento también introduzco una prueba trampa porque les doy a elegir entre una palmerita o una galleta y como hemos planteado que elija la que tenga más fibra y más grasas buenas, cuando pasan el microscopio por estas opciones ven que no hay rastro ni de fibra ni de grasas buenas, claro. La solución es que ninguna de las dos son opciones saludables, aunque se pueden tomar de forma puntual por la cantidad de azúcar y por las grasas que tienen que se pueden quedar pegadas como un chicle a las arterias. Pero hay que ser flexibles y la abuela de los niños dice «prohibido prohibir» y les plantea tomar galletas de jengibre.
¿Qué recomiendas a los padres a la hora de preparar la merienda de sus hijos?
Vivimos ahora mismo en un país en el que la merienda se divide entre los bollicaos y las semillas de chía. Parece que tenemos dos extremos. Hay estudios en los que se aprecia cómo en las familias con rentas más bajas el consumo de ultraprocesados es mayor; o todo lo contrario, que mi niño solo puede tomar crudités, palitos de zanahoria y semillas de chía con hummus. A veces se nos genera un poco de rechazo a llevar solo una única opción.
El bocadillo de chorizo, por ejemplo, no está dentro de las recomendaciones saludables, pero sí un bocadillo de pan integral con queso, o atún con tomate. Es decir, se pueden tomar bocadillos que sean saludables. El yogur, por ejemplo, es otra opción fantástica y se puede combinar con avena, frutos rojos, que son como chuches para los niños, aunque es verdad que su precio no es el más económico, pero es fruta, y, por supuesto, con frutos secos, que los tenemos muy abandonados. Hay dos tipos de alimentos que tenemos muy abandonados los frutos secos y las semillas. Las semillas tradicionalmente en España no las hemos usado y las de chía o lino cuando se hidratan tienen omega 3, que es fundamental para el desarrollo cerebral, visual y para el sistema cardiovascular. Seis nueces equivalen al 75% del omega 3 necesario para cada día. Es una buena idea, como también lo es incluir en los yogures semillas hidratadas o avena, que tiene fibra soluble, y que también es muy buena para la microbiota.
Estas opciones, o el kéfir, son muy buenas para la merienda y para llevar. Todos los bebibles son más fáciles de llevar, pero en lugar de esas frutas para beber que se han puesto de moda, que son como una especie de envases metálicos y que los niños se beben rápido porque la fruta está triturada, yo defiendo que tienen que masticar. Les estamos acostumbrando a que no mastiquen y sabemos que la masticación, al hacer el movimiento con la mandíbula, al producir saliva, genera compuestos que estimulan la saciedad.
¿Se implican realmente los colegios en dotar también de una educación saludable en este ámbito?
Tengo mucha esperanza en que el Real Decreto de Comedores Saludables y Sostenibles que ha puesto en marcha el Ministerio de Consumo se apruebe pronto y que sea una realidad, porque va a ser un punto de partida para muchos cambios.
Ahora sabemos, por ejemplo, que en los colegios hay medidas para que en las máquinas de vending no haya productos que tengan más de un 5% de azúcar por ración, porque el 70% de los productos de estas máquinas no cumplen con estos criterios. En los comedores escolares igualmente, se va a promover mediante este real decreto que haya un porcentaje mayor de frutas y verduras. Y es que estamos perdiendo la oportunidad de utilizar los comedores escolares como un espacio de educación porque es el mejor lugar porque van todos los días y los monitores pueden incluir actividades diferentes para introducir estos conceptos.
Creo que, en general, la información que se recibe no es mala, pero es insuficiente. Es decir, no creo que en ningún lugar se esté diciendo que comer una palmerita sea saludable. Esto no lo dice nadie. Pero no se están explicando los beneficios de comer pan integral o tomar el té. Estamos poniendo mucho el foco en lo negativo, y la gente está harta de que le digan lo que no puede comer. Ellos dicen explícame, dame las alternativas de lo que sí que puedo comer, por qué, cuánto, dame ideas... Eso es lo que falta porque las familias claro que tienen interés. ¿Cómo no va a tener un padre interés en darle la mejor alimentación a sus hijos? ¿Cuál es el problema? La falta de tiempo, la falta de recursos. Hay que darles herramientas y, sobre todo, tiene que haber cierta regulación para que en los supermercados no sea posible que haya alimentos mucho más atractivos visualmente pero menos saludables. Los niños optan por alimentos que al comprarlos les regalen muñecos o una pegatina. Mientras esto sea así, se lo ponemos más complicado a los niños, que se dejan convencer visualmente.
Nos preocupamos mucho por la alimentación de los niños en su primera etapa, ¿pero crees que los padres deben tener también especial cuidado con lo que comen sus hijos en la adolescencia?
Creo que principalmente es donde hay que poner más el foco, porque los niños pequeños dependen de lo que tú les ofreces. Yo tengo dos hijos de trece y de catorce años y desde hace un par de años vengo observando cómo me piden una hamburguesa concreta porque la anuncia una cantante.
Además, hay que tener cuidado con las imágenes de cuerpos que ven en las redes sociales. Por un lado, las redes nos venden unos cuerpos perfectos, unos estilismos ideales, pero en relación a la comida muestran cosas muy apetecibles como son esos macro gofres con millones de cosas, esos enormes helados, macro hamburguesas... que son verdaderas bombas de azúcar. Entonces, por un lado queremos tener un cuerpo estupendo y, sin embargo, se muestran comidas nada saludables. Además, las redes sociales están llenas de recetas que dicen ser saludables cuando no lo son. El hecho de que le pongas un sirope de agave o que le pongas un edulcorante a una tarta, no la convierte en saludable. La comida sana se presenta con muchas aristas.
No obstante, observo en mis hijos que tienen mucho más interés que probablemente en nuestra generación. Son receptivos, pero también son muy vulnerables y carne de cañón del marketing y de las tendencias. Creo que incluso llegamos tarde al informar a los jóvenes de 14 años. Por eso yo pongo el foco en el libro en niños entre los cinco y nueve años para intentar sembrar un poquito esta información y que a la adolescencia lleguen ya con herramientas.
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Creo que hay que prestar atención a lo que comen los adolescentes, porque lejos de dejarlos, porque además es el momento en el que ellos empiezan a tener dinero, empiezan a tomar sus propias decisiones.
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