Así cambia tu cerebro cuando te conviertes en madre: ya nada volverá a ser igual
La matrescencia es el término que hace referencia a dicho cambio y que fue acuñado por primera vez en 1973 por la antropóloga Dana Raphael
«Hasta que no se entienda que atender a las madres es cuidar de la vida y del mundo, no podremos crear una red de cuidados»
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«No estás loca». «No lo haces todo mal». «No eres un desastre». Estos son mensajes que las madres han de tener muy presentes. Y es que de la misma manera que el embarazo conllevo ciertos cambios físicos o biológicos, mucho más evidentes y estudiados, éste también genera ciertos cambios sustanciales en el cerebro. Por eso, la mayoría perciben haber cambiado. Ya no son las de antes. Y es normal.
«El embarazo implica subidas hormonales radicales y adaptaciones biológicas. Sin embargo, los efectos del embarazo en el cerebro humano son prácticamente desconocidos», recuerda NeuroMaternal, el equipo de investigación en neurociencia que estudia los cambios cerebrales asociados al embarazo, la maternidad y la paternidad del Hospital General Universitario Gregorio Marañón.
En su estudio 'Pregnancy leads to long-lasting changes in human brain structure' ('El embarazo provoca cambios duraderos en la estructura del cerebro humano'), los investigadores demostraron que la gestación «produce cambios sustanciales en la estructura cerebral, principalmente reducciones en el volumen de materia gris en regiones que sirven a la cognición social». De hecho, los cambios fueron más patentes en las madres «y altamente consistentes». Es decir, el cerebro se prepara para el posparto y la atención del bebé durante, al menos, los dos años siguientes al embarazo con el objetivo de afrontar los retos de la maternidad. «En concreto, se observó que cuanto más cambiaba el cerebro de la madre, mejor era el vínculo entre madre e hijo», relatan los investigadores.
Este proceso de convertirse en madre es lo que se conoce como matrescencia y fue acuñado por primera vez por la antropóloga Dana Raphael en 1973. Dicho término se parece y mucho a adolescencia, momento de poda neuronal en el que el cerebro sufre una profunda transformación en su camino hacia la adultez. De ahí, los cambios que tanto caracterizan a los adolescentes.
«Son los mismos que experimenta una mujer cuando va a tener un bebé», recuerda la psiquiatra Alexandra Sacks en una popular charla TED. «Si es normal que los adolescentes se sientan confundidos, ¿por qué no vemos el embarazo de la misma manera?», se pregunta. «Hay libros que hablan sobre el desarrollo en la adolescencia -continua- pero apenas hay documentación para describir la transición hacia la maternidad». De hecho, el equipo de NeuroMaternal publicó en 2019 un estudio en el que comprobó que los cambios cerebrales que se producen en el embarazo son similares al de la adolescencia.
Un cambio positivo
Sacks, que atiende a numerosas mujeres en su consulta de Nueva York, explica cómo la mayoría confunde la matresciencia con la depresión posparto pues las madres no alcanzan a entender el «cataclismo emocional» que están experimentando y que les dificulta la capacidad de adaptarse a la realidad porque, sin embargo, se sienten raras o infelices. «La oxitocina ayuda al cerebro de la madre a enfocar su atención. Por eso, el bebé pasa a ser el centro de su mundo», recuerda la experta, sin olvidar del todo que, antes de ser madre, la mujer recuerda cómo era su identidad, su trabajo, sus aficiones… «Este es el conflicto interno de la matresciencia», un concepto que debería normalizarse para que las mujeres, en opinión de la experta, no se sientan tan estigmatizadas.
Estudiar, investigar y cuidar de la salud de las madres teniendo en cuenta este proceso es también vital teniendo en cuenta que es probable que ya nada vuelva a ser igual. Y es que los cambios neuronales perviven varios años después de dar a luz. Según el estudio 'Do Pregnancy-Induced Brain Changes Reverse? The Brain of a Mother Six Years after Parturition' ('¿Se invierten los cambios cerebrales inducidos por el embarazo? El cerebro de una madre seis años después del parto'), publicado en 2021 por los investigadores españoles, «la mayoría de las reducciones de volumen de materia gris inducidas por el embarazo persisten seis años después del parto». Los expertos también descubrieron que «los cambios cerebrales a los seis años del posparto están asociados con las medidas de apego madre-hijo. Estos hallazgos abren la posibilidad de que los cambios cerebrales inducidos por el embarazo sean permanentes».
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Aurélie Athan, psicóloga clínica especializada en el tema, añade, que «la duración exacta de la matrescencia es individual, se repite con cada hijo y podría decirse que dura toda la vida». Sin embargo, urge verlo no desde un punto de vista negativo que solo provoca sufrimiento en la mujer, sino, como una «adaptación positiva» que otorga a las madres un asombroso «potencial para prosperar».
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