Edu Soto, querer y no querer que llegue la vuelta al cole
el peor verano de mi vida
El actor dice tener mala memoria pero seguramente el peor verano de su vida ha sido el de 2023. Pero también ha sido el mejor, tras pasar un mes y medio con sus hijos
Vanesa Martín, diez días sin mar en Madrid

El actor Edu Soto dice que tiene mala memoria, pero seguramente el peor verano de su vida ha sido el de 2023. Pero también ha sido el mejor, añade. Se apresura a aclarar la paradoja: «Ha sido el mejor, porque he podido pasar un ... mes y medio entero con mis hijos». Y añade: «Tengo una niña preciosa de un año y dos meses, y un niño maravilloso de tres años y medio, así que mi pareja y yo hemos estado con dos bebés las veinticuatro horas un mes y medio seguido. No hace falta que explique por qué ha sido a la vez el mejor y el peor de mi vida». Para un actor y una violinista, no es habitual poder disfrutar/sufrir con su prole tanto tiempo de un tirón.
El actor echa mano de la vis cómica para describir su vida veraniega: «Te regalan momentos inolvidables de risas y anécdotas maravillosas. La niña ya ha empezado a andar. El niño ya habla y se enrolla como las persianas». Ojo, que dice «cosas muy bonitas», pero claro, todo el día…
Aun así, sarna con gusto no pica. Y además, algo de jaleo puede incluso venir bien para después saborear con más ganas los momentos de paz. Por ejemplo, el concierto de Caetano Veloso al que Edu Soto y su mujer asistieron hace unos días, sin niños por primera vez en mes y medio. Los retoños se quedaron con una vecina «y se portaron muy bien, porque cuando no estamos nosotros se portan de maravilla, y cenan y se van a dormir a la hora que les toca». La gloria debe ser algo muy parecido a eso. «Es el concierto más impresionante de mi vida, qué caña, qué música, qué calidad, qué poesía».
El octogenario músico se estuvo cerca de dos horas cantando «sin desafinar una nota», pero es que para la pareja de espectadores el milagro empezó incluso antes, al salir de casa: «Fue como un espejismo, de repente estábamos solos, en silencio, ya no había gritos a nuestro alrededor, y los únicos que escuchamos fueron los que hubo cuanto Caetano salió al escenario».
Y es que Edu Soto se declara fan absoluto de Veloso: «No puedes desaparecer de este mundo sin haberlo visto en directo», me advierte. Puestos a hablar de música, va más allá y me sorprende: «Tengo una banda de música con mi mujer, violinista clásica, y mi cuñado, que es pianista clásico y de jazz». No se han prodigado mucho, porque es algo muy familiar. A veces se les unen otros parientes, y en octubre sacan el primer single de un album que grabaron hace un par de veranos.
«Ver a Caetano fue como un impulso para seguir con esto de la música», cuenta. En ocasiones se ha planteado dejarlo porque el trabajo de actor le quita ya demasiado tiempo. Además, el público encasilla: «Si eres cómico, eres cómico, no hagas nada más, ni música ni drama, porque lo que nos gusta verte haciendo comedia». Esto, a veces, «te desanima un poco», porque obliga a dejar de lado algunos proyectos. «He hecho cinco películas, he escrito proyectos de series, intento que salgan cosas que no se han visto de mí, pero es bastante imposible». Aun así, parece que una productora se está planteando llevar a las pantallas una de sus películas en 2025.
En ocasiones se ha planteado dejarlo porque el trabajo de actor le quita ya demasiado tiempo. Además, el público encasilla: «Si eres cómico, eres cómico, no hagas nada más, ni música ni drama»
«La música es curativa. Soy feliz cuando canto, cuando toco el ukelele en casa tranquilamente». ¿Y cuando sube al escenario? «Sí, claro, me pasa también con la comedia. Justo saliendo del concierto de Caetano Veloso una persona se dirigió a mí para decirme que en momentos en los que no estaba bien, mis actuaciones cómicas le habían ayudado a olvidarse de sus preocupaciones por un rato, y eso me hizo también muy feliz». Esta misma semana, empieza una nueva gira con su monólogo 'Más vale solo que ciento volando', debidamente renovado —«al fin y al cabo, el 51 por ciento es improvisación y depende de la reacción del público cada noche»—. Madrid, Barcelona y Pamplona serán sus primeras paradas.
Las peores-mejores vacaciones, por tanto, han llegado a su fin. Había ganas, sí, pero tampoco tantas. Se echarán todos de menos. «Ya hemos empezado la adaptación al nuevo horario con la escuela», me comenta algo contrariado con el minucioso cronometraje que se establece hoy en este proceso. Nos reímos recordando que los que nacimos a finales de los setenta pasábamos directamente del ocio total a la boca del león, sin anestesia: «A mí me dejaban el primer día en el cole y ala, adiós, nos vemos en cinco horas», mientras que ahora «ya he ido a unas cuantas reuniones en las que nos han explicado la organización del curso, cómo funciona la 'app' del colegio, cómo podemos ver cómo están nuestros hijos los primeros días…» Y aquí se detiene a comentar: «¿Pues cómo van a estar? ¡Llorando, porque quieren estar con los papis porque han pasado un mes y medio con los papis!».
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