Una nueva vida para el convento de Santa Clara
El Consorcio y la orden buscan nuevos usos para este inmueble, con el fin de evitar su deterioro tras la marcha de las religiosas en 2015

Un cartel en el portón del convento de Santa Clara, en Toledo, informa a toledanos y turistas del horario de las visitas guiadas a sus dependencias. Reiji es el encargado de abrir sus puertas y también de mantener a salvo este conjunto de palacios mudéjares que se quedó huérfano de vida religiosa hace siete años, cuando las pocas moradoras que en él vivían se marcharon por su avanzada edad y los problemas económicos.
Junto a su mujer y sus hijos, desde 2018 se encarga de la conservación y limpieza de este inmueble del siglo XIV, ubicado en el casco, que en sus orígenes llegó a estar habitado por más de un centenar de clarisas. Una labor que compagina con su trabajo como recepcionista en el hotel Santa Isabel.
Desde hace años, el goteo de cierres de conventos en la ciudad ha sido incesante. En la capital de Castilla-La Mancha hubo 52, pero hoy se conservan 34 y una docena de comunidades religiosas, según desvela el catedrático de Historia del Arte y Patrimonio Cultural en la Escuela de Arquitectura, Ignacio González-Varas, en un reciente estudio.
El convento de Santa Úrsula, el de las Capuchinas y el de Santa Clara son algunos ejemplos de los monasterios que en los últimos tiempos se han visto abocados al cierre por la falta de vocaciones y por su delicada situación económica.
Para hacer frente a esta pérdida de patrimonio conventual, el Consorcio de Toledo se ha puesto manos a la obra. Esta institución, dedicada a la conservación y la revitalización del patrimonio histórico y residencial del casco antiguo, trabaja para que los muros del convento puedan albergar nuevos usos que ayuden a evitar su deterioro o incluso que nuevas comunidades de religiosas puedan volver a recorrer los pasillos de esta joya del patrimonio sacro.
Con este propósito trabaja su gerente. Jesús Corroto explica que el deseo de las clarisas es que otra orden religiosa pudiera convertir el convento «como su casa» y no se perdiera así el concepto espiritual del edificio. «Este es el objetivo prioritario de las hermanas y en eso estamos trabajando. Hay algunas órdenes de Iberoamérica interesadas», desvela.
Las religiosas tienen claro que lo que no quieren es que esto se convierta en un asunto turístico [un hotel], añade Corroto, y se distorsione de esa manera «la esencia de espiritualidad que ha habido durante tantos siglos».
En este afán para buscar nuevos usos alternativos que no desvirtúen el silencio y los rezos que ha habido entre esos muros a lo largo de los años, Corroto tiene claro que hará todo lo que esté en sus manos para que se cumpla la voluntad de sor Inmaculada, clarisa fallecida hace poco.
Para ello, otra de las opciones que barajan es que el edificio pueda llegar a albergar una residencia para estudiantes, profesores o grupo de personas que «quieran vivir en la ciudad como si fuera un retiro»; o bien una residencia para estudiantes vinculada internacionalmente con el mundo del español, los idiomas u otras opciones culturales y patrimoniales de las humanidades.
Fijación de población
El concepto estratégico del Consorcio para 2030 es la fijación de población en el Casco Histórico y dentro de este objetivo se encuentran los monasterios. «Los conventos son viviendas y en el casco es importante la vida espiritual no solo por la historia y espiritualidad de Toledo, sino porque realmente los conventos también forman parte de la identidad del casco, de la ciudad y de nuestro patrimonio», dice Corroto. «Forman parte de la sociedad y de la idiosincrasia del casco, y por eso es importante para el Consorcio esa fijación de población», resalta su gerente.
Asegura que desde la institución su preocupación es que todos los edificios que estén en desuso, ya sean edificios de particulares o conventos, tengan una utilización que ayude a conseguir ese objetivo en 2030. Como ejemplo, Corroto recuerda las cinco viviendas que se construirán en el Corral de Don Diego o los edificios de la calle Niños Hermosos y el de callejón de San Pedro, que se rehabilitarán para construir viviendas para residentes.
«Da igual que sean edificios de particulares o conventos, el Consorcio no tiene preferencia por ningún tipo de inmueble. Lo único que nos interesa es, reitero, fijar población en el casco y que no sea maleta para arriba maleta para abajo, que también tiene que haber porque el turismo es el motor de Toledo, pero tenemos que equilibrar», responde. Y para conseguir ese propósito buscarán tres perfiles: empadronados, alquileres de larga duración y alquileres de estudiantes y profesores que vengan para años académicos.
De momento, todas estas propuestas están sobre la mesa a fin de encontrar la mejor opción para darle una nueva vida al convento de Santa Clara.
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