Garzón, un creador de polémicas en un ministerio regalado y vacío
En dos años al frente de Consumo, el coordinador general de IU no ha dejado títere con cabeza en sectores vitales para la economía

Pocos ministros hay en el Gobierno de Sánchez que hayan acaparado tan pocos titulares por su gestión y tantos por sus ocurrencias. Alberto Garzón es uno de ellos. Desde que juró el cargo como ministro de Consumo, en enero de 2020, hasta hoy, ... el dirigente de Izquierda Unida ha protagonizado varias tormentas políticas y mediáticas por sus polémicas declaraciones y arremetidas contra sectores económicos de vital importancia para España. El último, el cárnico. Hasta el momento no solo no ha rectificado ni pedido perdón por ninguna de sus conflictivas afirmaciones, sino que siempre se ha reafirmado en sus opiniones sin dar su brazo a torcer pese a las críticas y desautorizaciones de otros miembros del Gobierno de coalición.
En el último mes, el titular de Consumo ha protagonizado diferentes controversias, entre ellas, la de convocar una 'huelga de juguetes' contra el sexismo a través de un vídeo cuyo coste superó los 80.000 euros, recomendar la compra de roscones rellenos «de nata, nata» en vez de por un «mix de grasas vegetales» o su intención de prohibir la publicidad de productos que suelen consumir los más pequeños al considerar que no son saludables.
Sea la falta de competencias o el afán desmedido de protagonismo lo que, parafraseando al presidente de Castilla-La Mancha, Emiliano García Page, «lleva al diablo a matar moscas con el rabo» , lo cierto es que el coordinador de IU ha puesto en pie de guerra esta semana a asociaciones de ganaderos de la industria cárnica. Sus afirmaciones vertidas en un diario británico en contra de la carne que se produce en España procedente de la ganadería intensiva han sido la guinda de la tarta de un cúmulo de ocurrencias que desde el Gobierno se le permiten, pues pudiendo haber sido destituido en alguna de la últimas remodelaciones de Sánchez, se le conserva en el Ejecutivo dentro de la cuota de Podemos.
El secreto está grabado en piedra. Es un pacto que alcanzaron en 2020 Félix Bolaños y Ione Belarra cuando ninguno de los dos eran ministros pero ya eran destacados lugartenientes de sus respectivos líderes: Pedro Sánchez y Pablo Iglesias. En ese momento se pactó la estructura del Gobierno con los ministerios que correspondían a cada partido. Ni en la gran crisis de julio ni en los varios retoques en los que ha habido posibilidad esta estructura se ha modificado. Sólo se haría en caso de ruptura de la coalición. Así, aunque con la ley en la mano, sólo Sánchez puede cesarle, en realidad su puesto en el Gobierno no depende de él, sino de Yolanda Díaz. Y ni siquiera. Su continuidad ahora y en el futuro está en manos de Izquierda Unida.
Un veterano
Poco después de cumplir 36 años Alberto Garzón (Madrid 9 de octubre de 1985) celebró en diciembre su décimo aniversario como diputado. En la legislatura 2011-2015 el joven Garzón era desde la bancada de Izquierda Unida un exponente de la renovación generacional de la política unos meses después del 15M. Pero todavía canalizada a través de los partidos tradicionales.
En enero de 2020 se convierte en ministro de Consumo básicamente por la necesidad de Pablo Iglesias de dar encaje a los partidos que formaban parte de Unidas Podemos. Una coalición que se hizo posible en la repetición electoral de 2016, cuando había empezado ya el distanciamiento entre Íñigo Errejón y Pablo Iglesias. La unión fue posible gracias a que en junio de ese año se materializaba el ascenso de Garzón hasta el liderazgo de IU. Fue, por tanto, un actor clave en el conglomerado político que terminaría de eclipsar el proyecto original de Podemos para consolidarlo como un conglomerado a la izquierda del PSOE.
Como ministro su papel legislativo es muy limitado porque sus competencias son las que tradicionalmente correspondían a la dirección general de Consumo dentro del Ministerio de Sanidad. Pero al PSOE le conviene esta fórmula de segregar competencias para dar espacio a sus nuevos socios sin tocar el núcleo fundamental del Gobierno.
El último escándalo por sus críticas a las macrogranjas no ha dividido a UP en la cuestión de fondo. Aunque sí hay personas que reconoce que manifestarlas de forma tan general en un medio de comunicación extranjero no fue acertado. En el tuit que Yolanda Díaz puso al respecto venía a apoyar el fondo de las declaraciones de Garzón, pero se refería a las prácticas a las que el ministro se refería en The Guardian como «minoritarias».
Varias fuentes de UP apuntan a que ahora la relación con Yolanda Díaz es buena, aunque en otros tiempos hubiera momentos más controvertidos. La hoy vicepresidenta abandonó IU en 2019, cuando Díaz se sintió más próxima a la tesis de Iglesias de aguantar el pulso al PSOE en las negociaciones que condujeron a la repetición electoral, y no tanto a las de Garzón que era más partidario de un acuerdo aunque no implicase gobernar en coalición.
A sus 36 años Garzón es ya un político veterano con la sensación de haber llegado ya al mayor nivel de responsabilidad a su alcance. Eso sí, sin haber dictado una sola norma con rango de ley y sin haber dejado títere con cabeza en ámbitos de la economía española tan vitales como el turismo –del que destacó su «bajo valor añadido» durante una comparencia en el Senado– o la industria agroalimentaria productora del aceite de oliva, el jamón o el queso, traicionada por el ministro con su propuesta de implantación del etiquetado Nutriscore.
La patronal del juego privado Cejuego también lamentó la doble vara de medir del Real Decreto de Comunicaciones Comerciales de las Actividades del Juego por las diferentes medidas que atañen a la publicidad del juego privado frente al público con mayores restricciones para el primero. Desde Cejuego lamentaron el giro dado al primer borrador de la norma, una jugada que atribuyen a los intereses políticos del coordinador general de IU.
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